Cultura //// 12.08.2017
¿Anclado en 1990? Canción Animal y el mapa enunciativo

El pasado 7 de agosto se cumplieron 27 años del lanzamiento de Canción Animal, la obra de Soda Stereo que consolidó la masificación continental del grupo y resignificó su presencia cultural en América Latina

Por Cristian Secul Giusti (*)

El pasado 7 de agosto se cumplieron 27 años del lanzamiento de Canción Animal, la obra de Soda Stereo que consolidó la masificación continental del grupo y resignificó su presencia cultural en América Latina. Sin dudas, el recuerdo de este álbum resulta relevante en la actualidad porque destaca un eslabón artístico trascendental en la historia del rock en español y  profundiza los alcances de la representación en los jóvenes que habían padecido las dictaduras y los gobiernos autoritarios latinoamericanos durante la década del 80.

En cuanto a la Argentina, la presencia de Canción Animal forjó una paradoja interesante y sumamente esclarecedora para entender el rock argentino de la década del 90: la idea de la banda de rock que desde la unicidad y la integración sale de gira por todo el país como desafío estético.

Al respecto, la llamada “Gira Animal” iniciada en 1990 tuvo como objetivo atravesar la Argentina desde Ushuaia a la Quiaca en pos de una federalización del rock argentino, que hasta ese entonces, intentaba profundizar la masividad y sostenerse ante las apuestas neoliberales.  

Más allá de su nervio guitarrero y de banda garage, el disco establecía una ligazón contextual con lo contracultural y musical del momento. A partir de este horizonte, el disco encontraba sintonías con los sonidos del momento  –desde la movida madchester inglesa hasta los embriones del grunge estadounidense- y enlazaba los propios códigos urbanos y argentinos de la banda.

Si se lo escucha atentamente, Canción Animal presenta particularidades relacionadas con lo contextual y con el propio recorrido de la banda. Por un lado, las diez canciones que integran el disco se vinculan directamente con sonoridades legendarias y emblemáticas de la cultura rock argentina: desde Pescado Rabioso y Vox Dei hasta Color Humano y Aquelarre, por citar algunos ejemplos.  Por otro lado, la dimensión política de las líricas presentes en el disco tematizan la subjetividad y desacralizan la propia cultura, entendida desde una consideración juvenil y rockera. 

Del mismo modo, las articulaciones líricas de los tracks profundizan la perspectiva discursiva de Gustavo Cerati y amplían aún más la estrategia enunciativa de sus composiciones como autor. Si bien se suele destacar que las canciones de Soda Stereo plantean una intencionalidad meramente sexual, romántica y erotizada, en Canción Animal las letras desmontan vínculos normativos y modos de entender la realidad. En primer lugar, se  ponen en tensión las consideraciones sobre la verdad o lo verídico, y en segundo término, se reitera un tópico en torno a lo volátil y lo modificable, más allá de las experiencias y las actitudes de vida.

Por este motivo, Canción Animal integra enfoques que comprenden una esencia poética del rock argentino, vinculada a la consideración figurativa de Luís Alberto Spinetta y también a cierta narración coloquial –mediada y medida- de Charly García. Sin embargo, la construcción del discurso en estas letras no se ampara en un lirismo netamente metafórico o surrealista, sino en aspectos eróticos, realistas, descriptivos y sensibles.

Desde una instancia analítica, se aprecia una narrativa sensual y atractiva (“Canción Animal”, “Entre Caníbales”), se reconsideran las nociones del presente perpetuo (“De música ligera”, “Cae el sol”), se reconocen imágenes sensibles y románticas (“Un millón de años luz”, “Té para tres”), se destaca el misterio y el riesgo como actitud de existencia (“Hombre al agua”, “(En) El séptimo día”) y se reconstruyen las perspectivas de la masculinidad, más allá del tradicionalismo arcaico (“Sueles dejarme solo”, “1990”).

Por ello, si nos atenemos a la construcción discursiva de las canciones que presenta el disco, es posible destacar una dimensión proyectual y también política en la poética diagramada. Las canciones construyen, a su manera, una carta de presentación para emprender una nueva década y para atravesar la última etapa del siglo XX. Por esta razón, la estrategia enunciativa instituida en cada una de los temas representan relaciones intertextuales y dramáticas que coinciden con la historia de Soda Stereo y, también, con una nueva lectura de lo social, lo individual y lo colectivo.

A lo largo de la obra, los enunciados tensionan postulados de la religión (“El reino de los cielos, la llave del averno, me da igual”); del sexo (“Mi alimento son las cenizas de una noche larga, y esta noche es larga”); de la heteronormatividad del rock (“Nunca voy a ser un súper hombre”); o del universo bohemio (“Anduve caminando por calles al azar, por calles vacías, Buenos Aires, Buenos Aires, humedad”).

Al respecto, y con anclajes, amores ligeros y algunos sorbos de distracción, el disco realiza una lectura de la cultura rock argentina tras el cierre de la década del 80. Por ello, Canción Animal subraya un modo de entender la sociedad y una manera de concebir un rock masivo, estético y profundo, a pesar de la apariencia pasatista. Por tanto, a partir de un lenguaje que sitúa discursos diversos y  en algunos momentos filosos, las líricas anuncian una politicidad desde la cotidianidad y la ambigüedad. En este aspecto, el estudio y reconocimiento de las letras del disco permiten entender hoy en día un ideario discursivo fresco, vigente y oscilante. Las líricas de Canción Animal no son lineales ni estructuradas. Muy por el contrario, trastocan idearios de fin de siglo y, en rigor de los enlaces con el pasado, consiguen mantener la aventura de la escucha activa, en donde el famoso “nada más queda” patenta una continuidad y un desencadenamiento, más que una finalización.

(*) Dr. en Comunicación / Docente (FPyCS)