fbpx Dossier COVID-19: La educación en tiempos de virtualización | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Coronavirus //// 25.05.2020
Dossier COVID-19: La educación en tiempos de virtualización

“¿Es realmente la presencialidad sinónimo de conocer y establecer un vínculo pedagógico constructivo con los estudiantes?” se pregunta Elena Marson, docente, extensionista e investigadora en la Facultad de Ciencias Exactas de La Plata (UNLP) y CONICET.

  • Cuarentena

Por Elena Marson

Foto por: Maria José Grenni

En estos tiempos que corren, venimos debatiendo rica y diversamente desde la comunidad de Ciencias Exactas de la Univ. Nacional de La Plata sobre nuestros quehaceres en materia de educación superior y la manera en que éstos se vieron interpelados y tensionados por un contexto taxativamente extraordinario y de escala mundial.

El debate suele basarse en discusiones de orden teórico, epistémico y pedagógico y asistimos a explicaciones y recomendaciones de diversa índole, tal es el caso que he escuchado un mismo concepto teórico aplicado a interpretaciones diametralmente opuestas. Nada nuevo por cierto, ya que desde mis modestos conocimientos diría que existen teorías que justifican casi la mayoría de las acciones humanas. Tanto colectivas como individuales.

Creería apropiado enmarcar las problemáticas existentes en materia educativa, sanitaria, social y política de la sociedad, inevitablemente desde su complejidad. Asimismo, si enfocamos nuestro ámbito académico en cuestión, existen discusiones entre docentes y estudiantes y su interacción en el proceso de virtualización de la enseñanza-aprendizaje, las metodologías de evaluación y la acreditación de contenidos curriculares. Muchas de las veces terminamos recostándonos en sumatorias de ventajas y desventajas, cuando tal vez deberíamos relativizar críticamente éstas respecto de la disyuntiva saberes/haceres, y sostener, garantizar la democratización de la educación pública.

Una formación universitaria es un proceso de años, donde siempre se ponen en tensión criterios de “excelencia académica”, versus cierta humanidad o empatía por el otro.  Bien recuerdo, que hemos tenido que discutir en sobradas oportunidades si los paros docentes perjudicaban o no a la excelencia y calidad de la educación superior, por ejemplo.

¿Es realmente la presencialidad sinónimo de conocer y establecer un vínculo pedagógico constructivo con los estudiantes? Pensaba en evaluaciones orales históricamente aceptadas y acreditadas en nuestros trayectos curriculares universitarios, donde es (o era) moneda común cruzarse con docentes (muchos en materias de los primeros años), que apelan (o apelaban) a metodologías de evaluación para la desmoralización y la denigración de supuestos estudiantes “belowstandard” (más abajo del estándar).  Las anécdotas son variadas, desde un “tal profe no te dejaba ir hasta que no salieras llorando si no estabas para aprobar”, hasta un “está bien que no seamos más docentes, total a mitad de año quedan la mitad”, por dar ejemplos de un conjunto de evidencias existentes de situaciones presenciales preocupantes.  También, es conocido el termino de “sentirse un número”, siendo estudiantes, en muchas cátedras, facultades y universidades a lo largo y ancho del país.

Sin embargo, no creería probable que exista mucha duda desde nuestra comunidad educativa y las disciplinas que aquí convivimos, en que la mejor forma de fortalecer el proceso de enseñanza y aprendizaje es desde encuentros presenciales, y muy en particular debido a  trabajos de laboratorio en algunos casos difícilmente abordables desde la virtualidad. Pero que esto no nos corra del eje de una situación excepcional. No estamos en un proceso de virtualización de nuestras carreras, estamos en un ASPO en nuestras casas trabajando para sostener un proceso de virtualidad obligada de la enseñanza-aprendizaje. Y en este sentido, propongo permitirnos pensar estrategias de coyuntura que también avancen en evaluar y acreditar dichos procesos contemplando estas características excepcionales.

De todos modos, es sumamente atendible que los tiempos y contenidos se vean alterados en su significado de normalidad, y que tal vez se prolonguen semestres o se retrase el fluir normal de este año académico. Todos en esta pandemia vimos alterado mucho en nuestras vidas, pero en este caso estaría muy bien que no sea por ponderar criterios que naturalizan una supuesta superioridad de nuestro "hábitus académico" de lo concreto conocido y éticamente correcto.

Para finalizar, pero no menos importante, muchas veces hemos discutido cuánto falta avanzar en las disciplinas científicas y de la salud sobre la formación del perfil del graduade de la universidad pública y si vínculo con su entorno social. ¿Cuánto estamos “moviendo el avispero” para discutir nuestro rol en esta sociedad desigual y ahora, además, en emergencia sanitaria? ¿Cuánto estamos priorizando para promover un pensamiento crítico, político y científico, sobre por ejemplo el rol de la ciencia y la tecnología en manos del pueblo y para el pueblo en estos tiempos q vivimos? ¿Cuáles son las tareas a atender como comunidad universitaria de cara a la crisis sanitaria y social q aceleró esta pandemia? ¿Deben éstas estar exclusivamente acotadas a la virtualización de experiencias pedagógicas?

Decimos que la normalidad no existirá tal como la conocíamos, decimos que esta pandemia nos ha cambiado, que no seremos los mismos, bueno, permitámonos explorar alternativas metodológicas que pongan de manifiesto nuestros procesos de reflexión y de acción, asumiendo que en el camino tendremos aciertos y errores.